Todo principio tiene un principio que lo precede, pero es necesario encontrar un punto de partida: María Victoria Tellechea (Mamama), la abuela materna que tenía una sólida formación musical y era una excelente guitarrista con un vastísimo repertorio que incluía a los grandes compositores Fernando Sor, Gaspar Sanz, Francisco Tárrega, Dionisio Aguado, Abel Fleury, Agustín Barrios, entre otros, y decía saber más de 100 estilos. Ella fue la que vió el interés de aquel niño de 5 o 6 años que se sentaba en un banquito a oírla y mirarla tocar. Ella le hizo conocer unos cuantos acordes y las relaciones entre los mismos y le dio algunas indicaciones sobre la técnica guitarrística.
Con esos insumos y su agudo oído comenzó a “sacar” canciones del folklore argentino, que era lo que las radios emitían; fundamentalmente Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Eduardo Falú, con especial atención hacia éste último, cuya guitarra refinada y exquisita lo obligó a mejorar su técnica de forma autodidacta y a pensar en tomar clases con maestros locales. En los años siguiente estudió técnica con Lola Gonella de Ayestarán, Amílcar Rodríguez Inda y Oribe Dorrego.
En la familia Soares de Lima Tellechea, había una atmósfera musical muy marcada. Así, los tíos Carlos y Santiago animaban las reuniones familiares con un extenso repertorio de estilos aprendidos de la abuela, zambas y chacareras de raíz argentina, a las que, de a poco, se fueron sumando milongas yupanquianas, que desembocó en la formación de La Tribu de los Soares de Lima a influjo del tío Santiago. Esta primera etapa duró poco tiempo al fallecer éste en un accidente de aviación en 1970.
Se vinieron años difíciles para el país, muchos músicos relevantes fueron expulsados al exilio y se creó una suerte de vacío cultural. Junto a su hermano Beto habían conformado un dúo ocasional y resolvieron sumarse a una camada de nuevos músicos que, poco a poco, fueron ocupando algo de aquel vacío dejado por Zitarrosa, Los Olimareños, Daniel Viglietti, El Sabalero, Numa Moraes, Yamandú Palacios, Manuel Capela, Marcos Velázquez…. Grabaron un LP para el sello SONDOR que no salió en su momento ante la prohibición de Beto. En el interín, Juan comenzó una carrera como solista y grabó el LP Canta Juan Peyrou en 1980 con el sello ORFEO. Poco después, el sello SONDOR se arriesgó a publicar el disco del dúo que había sido prohibido, el cual salió con el nombre Y así seguimos andando. De ahí en más, el dúo comenzó a presentarse en diversos escenarios con diversa suerte respecto a la censura (prohibidos a veces, autorizados otras). Al retorno de la Democracia fueron elegidos por la Dirección de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo para participar en los Circuitos Culturales.
Las actividades del dúo fueron mermando en la medida en que ambos asumían otros trabajos y roles en al ámbito cultural. No obstante, siguieron componiendo e incorporando canciones de otros autores, las que terminaron grabando para el sello AYUÍ en 1990 en el disco De viajantes y Vagones. Si bien nunca disolvieron el dúo, las presentaciones de éste fueron cada vez más esporádicas.
En tanto, entrados los años 90 vuelve a tomar forma aquel primer grupo, La tribu de los Soares de Lima, que había apuntalado su tío Santiago y fuera detenido por su fallecimiento. En formato de quinteto, Juan y sus primos Carlos María y Roberto Fossati, Carlos y Santiago Soares de Lima impulsan el resurgimiento del grupo. Al cabo de una trayectoria de casi dos décadas, abordaron un repertorio de folclore de autores de la región. Entre los argentinos se encuentran Hilario Cuadros, Julio A. Jerez, Félix Luna, Ariel Ramírez, entre otros. Autores brasileños como Francisco Ribeiro, Ochelsis Laureano, Raúl Torres,…. Y orientales como Ruben Lena, Washington Benavídes, Carlos “Yoni” de Mello, Carlos Porrini, Santiago Chalar, Eustaquio Sosa y Carlos Gardel, de quien “La Tribu” versionó muchos de sus temas “camperos”. Desde mediados de los años 90 comienza una intensa producción discográfica, grabando seis CD entre los años 1996 y 2003: Por el gusto de cantar, (1996); Campos, campos, (1997); Corazón misionero, (1998); Gardeleando un sueño 1 y 2 en 1999 y 2001 respectivamente; Raíz del Guairá, (2003). Al mismo tiempo participan con actuaciones en eventos en diversos escenarios del país.
Además de su obra en el dúo “Los Peyrou”, en “La tribu” y como solista, Juan tuvo numerosas colaboraciones como intérprete invitado en grabaciones de otros artistas, tanto con su canto como son su guitarra.
Finalmente, no puede omitirse señalar su valiosa obra como compositor, destacándose su sensibilidad e intuición para musicalizar textos de diversos autores como Washington Benavídes, Enrique Estrázulas, E. Rimbaud, Lalo Mendonça y Miguel Hernández.
Este repaso de la obra de Juan da cuenta de una vida artística muy rica, a pesar de que fue desarrollada simultáneamente con su actividad como Ingeniero Agrónomo y empresario agropecuario. Debe advertirse además, que lo reseñado comprende, apenas, su participación en diferentes formaciones y sus registros discográficos. A todo eso, sin duda importante, debe agregarse el destacado papel de Juan animando y sosteniendo ruedas de guitarra y canto a lo largo de toda su vida, algo que disfrutaba de forma contagiosa. Y que debe entenderse, también, como una gran contribución a la construcción de identidad cultural.